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miércoles, 27 de octubre de 2021

Trabajar la ortografía con cuadernos y cuentos

 


Si hay algo que nos ha enseñado la ortografía es que una buena letra lleva práctica, y esa práctica pasa por ir probando hasta que la grafía sale lo mejor posible. Cuando creamos materiales didácticos usamos una filosofía parecida. Es por ello que todos nuestros materiales pasan por una fase de experimentación, que se lleva a cabo en varias aulas de distintos colegios de España durante uno o dos cursos escolares. Gracias a esta experimentación podemos detectar errores y adaptar los materiales a los niveles requeridos por la enseñanza. 


CUADERNOS



Entre algunas de las mejoras en Ortografía que se han implementado en estos materiales queremos destacar dos: 

La primera es la creación de nueve cuadernillos en lugar de tres (uno por trimestre) como suele ser habitual. La razón es que cada niño y niña empieza 1º de Primaria con una madurez distinta, por lo que cada cuadernillo cuenta con un nivel que permite a cada niño ir subiendo niveles desde el lugar donde se encuentra al principio de curso e ir escalando poquito a poco para ir igualándose con el resto de la clase. Despacito, pero con buena letra. 




La segunda mejora tiene que ver con la psicomotricidad fina. Esto tiene que ver con la creación de grafías que sean legibles, por ello se trabajó en el espacio disponible del cuaderno para incluir una serie de pautas que trabajaran la psicomotricidad de forma espacial: tanto de forma vertical como horizontal. 

Estos materiales, por tanto, trabajan de forma personalizada la ortografía y la caligrafía, empezando con un fondo en cuadrícula que va desapareciendo paulatinamente hasta acabar en ejercicios con doble pauta.  La reiteración y variedad de los ejercicios hace que los niños y niñas afiancen bien las grafías y las practiquen de una forma lúdica. Además, permiten una atención personalizada y contienen un vocabulario adaptado a cada ciclo, utilizando un método preventivo y adaptable a todos los ritmos de trabajo. 

jueves, 14 de abril de 2016

La autora María Valenzuela nos explica por qué escribió los "Cuentos para aprender ortografía"






Cuando comencé a trabajar con alumnos/as de 1º de Primaria, aprecié rápidamente que la ortografía les suponía una enorme dificultad. En pleno proceso de aprendizaje lecto-escritor, cuando ya parece que le van cogiendo el “ truquillo”, la “m” con la “a” “ma”… resulta que la “z” con la “a” es “za”, pero para escribir el sonido “ce” tenemos que usar la “c” “de media luna”, como le llamamos, creo inconscientemente, es la primera  incongruencia con la que se encuentran, y que vendrá seguida muy de cerca de la caprichosa ortografía de los sonidos ga, go, gu, gue, gui, güe, güi o ca, que, qui, co, cu. 

Estos casos están englobados dentro de lo que los docentes llamamos “ortografía natural” y no sé por qué usamos este nombre ya que de natural no tiene nada, más bien todo lo contrario.






En líneas generales: ni la ortografía natural ni el resto de reglas con las que tienen que enfrentarse inmediatamente, tienen nada de lógico (delante de “p” y “b” se escribe “m” y no “n”, aunque en rosa la “r” tenga sonido fuerte se escribe una sola “r”…). La ortografía es así porque sí, no tiene una explicación coherente para los mayores, cuanto menos para los pequeños.








A lo dicho. Tenemos que unir una realidad patente desde hace tiempo en nuestras aulas, y es que el umbral de atención de nuestro alumnado está cambiando. Cada vez supone más esfuerzo concentrar su atención. Esto es debido a que fuera de clase están sometidos a estímulos audiovisuales muy intensos: dibujos animados con una velocidad de imágenes infinitamente más rápida de la que tenían los dibujos de “nuestra época”, juegos de ordenador, de videoconsolas…y algunos aparatos o “maquinitas” más, de los que no sé ni sus nombres, y a los que tienen acceso cada vez a edades más tempranas. 


Todo esto supone una “competencia desleal” frente a los estímulos que les podemos proporcionar los maestros/as a la hora de enseñarles ortografía. Una letra fija en un papel o en la pizarra difícilmente les hará mella.






Ante esto, los maestros/as podemos permanecer impasibles, quejarnos o hacer algo. Las TIC han llegado a los centros y se han convertido en aliados, pero en los primeros cursos su uso no es generalizado. Así que, por qué no echar mano de un recurso presente en la vida del niño/a, tanto fuera como dentro del aula, adecuado a su edad y cuyo resultado como vehículo de aprendizaje está demostrado: EL CUENTO.





Hace ahora unos siete años que comencé a escribir cuentos para que mis alumnos/as aprendieran ortografía. Primero para la ortografía natural y después, vistos los resultados, para el resto de reglas que constituyen unos cimientos ortográficos necesarios. Después de aplicarlos en mis sucesivas clases con unos resultados estupendos, se han publicado. 


Me alegra que este recurso esté al alcance de otros maestros/as y, por ende, que no sólo mis alumnos/as se puedan beneficiar de ellos y entender la ortografía. Porque, gracias a brujas, magos, ogros, gnomos, dragones… y las situaciones que con ellos se crean, las reglas ortográficas tienen una explicación lógica, coherente y entendible. Por experiencia sabemos que los conocimientos que se entienden se recordarán y se aplicarán sin problemas. Aquellos que no, correrán peor suerte.

María Valenzuela Góngora